
Según Wikipedia, en el proceso de superación de sí mismo del mercado neoliberalista, a partir de los años ’70 se viene generando un cambio en cuanto al género de la obtención de riquezas por parte de los grupos financieros de los países más “desarrollados”, desde los sectores que elaboran productos materiales, hacia las industrias de la información, trayendo como consecuencia obvia el que se aglutinen las fuentes laborales en estos nuevos espacios.
Obviamente todo este paradigma de nuevas tecnologías y nuevas tendencias de los mercados siempre se reciben con mucha alegría por parte de quienes dominan los medios de producción de estas nuevas tecnologías capaces de manejar la información, alojados en los países mencionados. Debido a la preocupación de estos empresarios por la desigualdad de la economía de países como el nuestro, en vías de desarrollo, y por ende, tal vez incapaces de adquirir estas nuevas tecnologías, es que se establecen las pautas para la regulación de distribución, tales como la privatización de todas las industrias de telecomunicaciones y la desregulación de su mercado, todo esto en miras de un acceso “global y democrático”.
Los países sub-desarrollados, por su parte, quedan encargados de comprar estas tecnologías y enriquecer a los países ya mencionados, y así participar de esto que nos pintan como la “fiesta de la democracia comunicacional”, en donde en primera instancia va a primar la brecha digital entre los países (en la siguiente entrada), y en segunda instancia, la hegemonía cultural (subsiguiente en cierta medida). Es decir, y para terminar esta entrada, la democratización económica del mundo no va por buen camino si lo que se quiere es obtener esto con el avance tecnológico, que ya ha demostrado con creces no ser la solución a los problemas del mundo.
Obviamente todo este paradigma de nuevas tecnologías y nuevas tendencias de los mercados siempre se reciben con mucha alegría por parte de quienes dominan los medios de producción de estas nuevas tecnologías capaces de manejar la información, alojados en los países mencionados. Debido a la preocupación de estos empresarios por la desigualdad de la economía de países como el nuestro, en vías de desarrollo, y por ende, tal vez incapaces de adquirir estas nuevas tecnologías, es que se establecen las pautas para la regulación de distribución, tales como la privatización de todas las industrias de telecomunicaciones y la desregulación de su mercado, todo esto en miras de un acceso “global y democrático”.
Los países sub-desarrollados, por su parte, quedan encargados de comprar estas tecnologías y enriquecer a los países ya mencionados, y así participar de esto que nos pintan como la “fiesta de la democracia comunicacional”, en donde en primera instancia va a primar la brecha digital entre los países (en la siguiente entrada), y en segunda instancia, la hegemonía cultural (subsiguiente en cierta medida). Es decir, y para terminar esta entrada, la democratización económica del mundo no va por buen camino si lo que se quiere es obtener esto con el avance tecnológico, que ya ha demostrado con creces no ser la solución a los problemas del mundo.
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2 comentarios:
No estoy de acuerdo con el que arriba escribe. En general, la desregulación y la división internacional del trabajo suponen que, necesariamente, los recursos confluyan allí donde serán mejor utilizados, generando un "exceso de bienestar social" del cual, en ausencia de dichas medidas y recetas, es prácticamente inexistente.
Todo eso de la creacion de nuevas tecnologías y su distribucion llega a ser un círculo vicioso pues los países que compran dichas tecnologías seguirán requiriendo dichos recursos y asi inyectando capitales a los países que si los desarrollan por si solos.
Un avance real en la calidad y acceso en el fuerte pilar de un país ,que es la educacion, viene a ser la medida principal para empezar a creer que el subdesarrollo se puede dejar atras.
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